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martes, 27 de agosto de 2013

TALLER DE FILOSOFIA GRADO ONCE


1. Las ciencias adelantan

 

¿Qué sucede desde el siglo XIV al XVIII en lo referente a la actividad científica? Parece claro que la actividad científica va abriéndose paso a medida que lo va haciendo la razón y perdiendo influencia la confianza en la verdad revelada, en la verdad religiosa. Evidentemente estos asuntos están conectados. ¿Se confía más en la ciencia progresivamente desde el siglo XIV hasta el XVIII? ¿Va abriéndose paso un método científico porque va cambiando la mentalidad del hombre? Vamos a verlo.

Recuerda que en el siglo XIV, Ockham defendió el conocido como principio de economía o de parsimonia. Decíamos en el tema dedicado a este autor que se trata de un principio de simplicidad según el cual es preferible siempre optar por la explicación más sencilla, ya que ésta se halla en condiciones de ser la más cierta. Esto se unía otra cuestión fundamental y que ya señalábamos como importante: los argumentos elaborados a favor de la existencia de un Dios supremo no son, según Ockham, concluyentes filosóficamente; no parten de premisas evidentes ni se resuelven en demostraciones científicas. Entiende que solo por la fe habremos de admitir la existencia de un ser supremo y único: la filosofía y la teología quedan, por lo tanto, separadas.

La necesidad de la mayor simplicidad posible y la separación entre la ciencia y la religión comienzan a abrirse paso en un proceso que continúa en el Renacimiento.

Durante la época renacentista, siglos XV y XVI, como recordarás, con Copérnico, Kepler y Galileo, se fue produciendo una auténtica revolución científica y un gran desarrollo de la ciencia y de una nueva metodología científica. Lo fundamental del momento fue lo que debes recordar como el método de Galileo: a) Análisis del fenómeno a estudiar, centrándose en lo fundamental del mismo. b) Construcción de una hipótesis que pudiera explicar, mediante las matemáticas, ese fenónemo. c) A partir de esa hipótesis se deducen una serie de consecuencias. d) Comprobación de la hipótesis en la experiencia realizando experimentos. A esto se unía, como aspecto fundamental, la defensa de un modelo heliocéntrico del universo. Deja de creerse que la Tierra esté en el centro como la creación privilegiada de Dios. La naturaleza está escrita en lenguaje matemático, y hay que descubrirlo experimentalmente.

El Racionalismo, que como recordarás suponía una desconfianza en los sentidos, continuará en la línea de confianza en la razón, muy centrada en una razón matemática, eso sí. Los estudios de geometría y cosmología pretendían encontrar ese orden escrito en el universo, razonable, matemático, y que por tanto el hombre podría conocer completamente.

En esa línea de optimismo científico, la Ilustración desarrolló una idea optimista que repercutió en su concepción del progreso. Las ciencias y el saber nos llevarán a progreso material y moral. Ejemplos de divulgación como la Enciclopedia supusieron también un esfuerzo de organización del saber científico. Unido esto al desarrollo de una razón crítica, que se autoanaliza, Kant estudió qué condiciones debía tener un juicio para poder ser considerado científico. Propuso dos: aumentar nuestro conocimiento y ser universal y necesario. Esto ocurre en el juicio sintético a priori, propio de las matemáticas y la física.

 

2. ¿Dónde está Dios?

 

¿Cómo evolucionó durante estos cuatro siglos la concepción que se tenía de Dios? ¿Qué papel se le otorgaba a la divinidad en este proceso? La fotografía que tienes a la izquierda se titula, precisamente ¿Dónde está Dios? Es lo que vamos a intentar esbozar, refiriéndonos al período entre el siglo XIV y el XVIII, en este apartado.

Parece evidente, a poco que observemos el proceso, que entre el siglo XIV y el XVIII el papel de Dios va perdiendo importancia y quedando relegado al ámbito de lo privado. Esto se conoce como secularización. Recién terminada la Edad Media, habrán de pasar unos cuantos siglos para que vaya calando en la mentalidad de los hombres una mayor independencia, autonomía, posibilidad de conocimiento, importancia del ser humano. Y, en este proceso, a medida que el ser humano gana importancia, y sus facultades con él, va perdiéndola Dios y sus posibilidades de intervención en la vida humana. Veámoslo brevemente.

Ockham defendió que la existencia de Dios no se podía resolver científicamente. Solo por la fe habremos de admitir la existencia de un ser supremo y único: la filosofía y la teología quedan separadas. Dios es un ser ilimitado y omnipotente, su voluntad carece de límites, pero su conocimiento no puede ser a través de la ciencia.

Poco después, ya en el Renacimiento, Dios pierde su posición central en el Universo en favor del hombre. Se pasa de una concepción teocéntrica al antropocentrismo. De Dios como centro del Universo al hombre como centro del Universo.

Hasta tal punto se empezaba a dudar del papel de Dios que incluso Descartes, como recordarás, pasó del cogito a la demostración de la existencia de Dios. En esta línea llega a recuperar algún argumento medieval, y lo une a un ejercicio racionalista. Según él, como ya sabes, se puede demostrar que Dios existe de varias maneras: a través del argumento ontológico de S. Anselmo (lo perfecto tiene que existir, por definición), a través de la existencia misma de la idea de perfección (¿por qué la tengo, si yo no soy perfecto?: tiene que haber sido puesto en mí por Dios –es una idea innata-) y a través de mi propia existencia (¿por qué existo?). La causa última tiene que ser Dios mismo. Finalmente, una vez que he demostrado que Dios existe, puesto que es bueno y veraz, no puede querer que yo viva en el engaño. No puedo dudar entonces de la verdad de todo lo demás (mi propio cuerpo, la realidad física, todo tiene que existir). El racionalismo, por tanto, aún no había abandonado la posibilidad de conocimiento racional de Dios, al contrario, aunque este uso de la razón, volviéndose crítica en la Ilustración, relegará a la idea de Dios a un papel mucho menos importante. Pero veamos antes qué se dijo en el empirismo.

Para el empirismo las ideas metafísicas, y Dios es una de ellas, tienen que ser sometidas a una crítica exhaustiva (analizando su origen y su valor cognoscitivo). Recuerda que Locke defiende que las ideas complejas, como la idea de “sustancia”, deben tener su origen en alguna experiencia. Pero, en concreto, no sabemos qué sea la sustancia. De los objetos físicos tenemos un conocimiento sensitivo, dice Locke. En cambio, del “yo” tenemos un conocimiento intuitivo, y de la idea de “Dios” podemos llegar a tener un conocimiento demostrativo, pero no sensitivo. Al recurrir a la experiencia como base de cualquier conocimiento posible, y no tener posible conocimiento experimental de Dios, éste deja de pertenecer al conocimiento compartido y pasa a ser una cuestión individual.

En efecto, en la Ilustración Dios ya no gobierna la Historia, sino que esta tiene sus propias leyes, y el hombre es dueño de su destino. El antidogmatismo de los ilustrados se opuso, como sabes, a los dogmas y tradiciones de todo tipo, incluidos en primera línea los religiosos. No podemos olvidar el componente antirreligioso de Enciclopedia. Con Kant, y su razón crítica, el papel que Dios desempeñará será el de un postulado de la razón práctica. Aunque no son cognoscibles desde la ciencia, la libertad e inmortalidad del alma y la existencia de Dios son postulados de la razón práctica, condiciones exigidas desde la moralidad.

 

3. El ser humano

 

¿Qué hemos pensado sobre nosotros mismos a lo largo de los siglos que llevan del XIV al XVIII? ¿Qué papel hemos considerado que jugábamos en el Universo? ¿A qué nos hemos sometido? ¿De qué hemos pensado que debíamos liberarnos? Vamos a ver aquí una síntesis de qué ha sucedido con la imagen del ser humano desde los siglos XIV al XVIII. Es un resumen, un intento de síntesis como en los demás apartados de este tema y, si quieres, también un repaso.

Desde el final de la Edad Media, y sobre todo a partir del Renacimiento, se fue dando un giro desde el teocentrismo al antropocentrismo. De estar hecho "a imagen y semejanza de Dios" el hombre va progresivamente considerándose un ser autónomo, dueño de su destino y su Historia, y empezando a creer que mantiene una importante posición en el Universo, gracias a sus capacidades de conocimiento y científica. El hombre puede gobernarse por sí mismo, recupera su dignidad humana, dejando de pensarse a sí mismo como una mala imitación de Dios o como un siervo a su servicio. Este proceso y cambio, evidentemente, es gradual, no brusco. No sucede de la noche a la mañana y está íntimamente relacionado con el cambio que se va produciendo en los otros aspectos que tratamos en otros apartados de este tema.

Descartes, con su “pienso luego existo”, definió de alguna manera al hombre como cosa que piensa, dejando menos importancia para otras capacidades como los sentimientos, la percepción, etc. Es el pensamiento el que asegura nuestra existencia. De la duda, pensaba Descartes, salgo con la primera verdad: “cogito ergo sum”. Y no puedo dudar de que estoy pensando. De aquí extrae Descartes la conclusión de que “soy una cosa que piensa” (res cogitans), y mi naturaleza reside en pensar. El cuerpo es enteramente distinto del alma, y puedo imaginar que no tengo cuerpo, pero nunca que no pienso.

Para Kant, como seguro que recuerdas, las tres preguntas fundamentales de la filosofía son: ¿Qué puedo saber? ¿Qué debo hacer?

¿Qué me cabe esperar? Estas tres preguntas revierten en una cuarta, ¿qué es el hombre? Y es muy significativo que en esta última se concentren las anteriores. En la tumba Kant está grabada una idea de su Crítica de la Razón Práctica: «Dos cosas colman el ánimo con una admiración y una veneración siempre renovadas y crecientes, cuanto más frecuente y continuadamente reflexionamos sobre ellas: el cielo estrellado sobre mí y la ley moral dentro de mí.». Por tanto, con Kant el hombre adquiere el papel de protagonista principal, del que ha de analizarse críticamente su razón y cuya capacidad moral es digna de admiración.

 

Lee atentamente el texto de las Meditaciones Metafísicas de Descartes que tienes aquí.

“Sin embargo, he de considerar aquí que soy hombre y, por consiguiente, que tengo costumbre de dormir y de representarme en sueños las mismas cosas y aun a veces cosas menos verosímiles que esos insensatos cuando velan. ¡Cuántas veces me ha sucedido soñar de noche que estaba en este mismo sitio, vestido, sentado junto al fuego, estando en realidad desnudo y metido en la cama! Bien me parece ahora que, al mirar este papel, no lo hago con ojos dormidos; que esta cabeza, que muevo, no está somnolienta; que si alargo la mano y la siento, es de propósito y a sabiendas; lo que en sueños sucede no parece tan claro y tan distinto como todo esto. Pero si pienso en ello con atención, me acuerdo de que, muchas veces, ilusiones semejantes me han burlado mientras dormía; y, al detenerme en este pensamiento, veo tan claramente que no hay indicios ciertos para distinguir el sueño de la vigilia, que me quedo atónito, y es tal mi extrañeza, que casi es bastante a persuadirme de que estoy durmiendo.”

 

¿Serías capaz de explicar en diez líneas qué visión del ser humano puede extraerse de este fragmento de la obra de Descartes? Evidentemente, tiene sentido en un determinado contexto de su obra y pensamiento, y tendrás que recordar algunas cuestiones más de este autor para poder comentarlo.

 

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4. La razón y la verdad

 

¿Qué ha sucedido con la razón en estos cuatro siglos que nos ocupan en este tema? ¿Te acuerdas de la historia inicial de esta unidad? Tiene toda la relación con esta idea. A medida que hemos ido valorando la capacidad de nuestra razón y sus posibilidades, se ha puesto en entredicho qué seguridad nos dan nuestros sentidos y, paralelamente, se ha marcado el límite de lo que podemos saber por otros medios: por fe, fundamentalmente. Es decir, que en el período que lleva desde el siglo XIV al XVIII aumenta la confianza en la razón a la vez que ésta se vuelve a analizarse a sí misma y busca sus límites. Esto supone también una limitación para otras facultades y posibilidades de conocimiento humanas. En este proceso, el empirismo marcó una tendencia distinta. Vamos a verlo.

El Racionalismo tuvo una confianza absoluta en el poder de la razón. A la vez, manifestó la necesidad de un método para dirigirla correctamente. Con esta intención, Descartes llegó a elaborar las reglas del Método: Evidencia (claridad y distinción), Análisis (descomponer en sus partes simples), Síntesis (o composición en un proceso deductivo), Enumeración (o repaso para evitar los fallos).La duda metódica de Descartes debe entenderse como un estado previo de cautela,  necesario para alcanzar la verdad sobre un asunto.

El empirismo, por su parte, supuso una confianza en los sentidos: todo el conocimiento tiene su origen y su límite en nuestra experiencia. La razón elabora sus ideas a partir de nuestra experiencia previa, luego es imposible que existan ideas innatas, defendieron.

Por su parte, como vimos en el tema dedicado a esta época, la Ilustración supuso una confianza en la razón, el progreso, la ciencia. Razón autónoma y crítica contra los dogmatismos religiosos y políticos. Se confió en su autonomía como una forma de liberarse de prejuicios de todo tipo. Esta confianza en la razón suponía el rechazo de argumentos de autoridad. Se defendió una razón crítica, que se autoanalizaba en sus límites, posibilidades, etc. Será ésta, pensaban los ilustrados, la que llevará al progreso del hombre ¿El sueño de la razón? Como recordarás, la Ilustración asumía una doble influencia. Por un lado de los empiristas ingleses, en su rechazo de la metafísica y necesidad de basarse en la experiencia. Y por otro del Racionalismo, por su confianza en la razón, pero razón crítica, limitada.

Por su parte, Kant compartirá con el Racionalismo que no todo conocimiento proviene de la experiencia, pero frente a él, de acuerdo con el empirismo, que éste ha de partir necesariamente de ella. La razón busca las causas y fundamentos últimos del conocimiento. Sus ideas son alma, mundo y Dios. En este sentido, defendía que la metafísica no aplica las categorías a la experiencia, sino a objetos que están más allá de la experiencia posible, que no son dados en intuición alguna. Por tanto, no hay conocimiento metafísico posible. Dividió la razón en Razón Teórica y Razón Práctica, no siendo dos razones distintas, sino dos usos distintos de una única razón.

 

5. Etica y política

 

El proceso que lleva desde el siglo XIV hasta el XVIII desde el punto de vista ético-político es muy significativo en la historia de nuestra civilización, y lógicamente, está relacionado con cambios políticos y sociales concretos de cada época. Además, hay que verlo en el contexto de la evolución de otras ideas que hemos venido tratando a lo largo de este tema. Vamos a recordar algunos momentos, intentando observar el proceso de forma resumida. Muy resumidamente debes fijar tu atención en el nacimiento de las teorías del contrato social, en la separación de poderes y en el intento de Kant de fundamentar la ética.


Ockham defendió la independencia de los poderes terrenales respecto de la iglesia en relación con los asuntos temporales. Las esferas de lo espiritual y de lo temporal deben estar separadas. Además, defendió que la norma moral es la voluntad divina, sin estar Dios sujeto a obligación alguna.

En el Renacimiento, como vimos y recordarás, se produjeron dos líneas de pensamiento sobre este asunto: realista y utópica. El realismo político defendió la necesidad de experiencia práctica y de política concreta. En esta línea era un destacado representante Maquiavelo, que llegó a defender una política según la que el fin justificaba los medios. La otra línea era la llamada pensamiento utópico. Esta se centró en el pensamiento de sociedades ideales. Tomás Moro y Campanella fueron destacados representantes de esta línea.

Por su parte, en el empirismo, Locke desarrolló en su teoría política las bases del liberalismo, mostrando la necesidad de la división de poderes: legislativo, ejecutivo y federativo.

En la Ilustración se defendió la separación de poderes y se inauguró la teoría del Contrato social, un pacto por el que los individuos ceden una serie de libertades con el objetivo del bien común. Montesquieu defendió que la sociedad y el Derecho no tienen su origen en el contrato social (como sugieren Hobbes, Locke y Rousseau) sino en la naturaleza propia del hombre y las circunstancias que lo rodean (climáticas y geográficas). Además, según él, cualquier forma de gobierno debe ser moderada por diferentes contrapesos, siendo fundamental la separación de poderes (ejecutivo, legislativo y judicial). Esta separación según Montesquieu debe corresponderse con el equilibrio entre tres fuerzas sociales y políticas: rey, pueblo y aristocracia.

Voltaire se caracterizó por sus ataques a todo tipo de dogmatismo, religioso y político. Defendió que para vivir en común es necesario un «pacto social». El individuo respetará el pacto por su interés. La moral debe enseñarnos los principios de esta convivencia y el hombre, dueño de su destino, debe mejorarlo gracias a la ciencia y la técnica.

Por su parte, Rousseau defendió que el hombre es bueno por naturaleza y que es la sociedad la que lo corrompe, y propone cómo debe ser educado para conservar esa bondad natural. Por ello, su posición es contraria a algunas de las ideas fundamentales de la Ilustración, ya que Rousseau dudaba de que las ciencias y técnicas fueran a liberar al ser humano. Para garantizar la libertad natural que tiene el hombre, según Rousseau, hemos de realizar un contrato social que establece el poder del Estado. Con este contrato, los individuos se entregan a una voluntad general que no puede ser despótica. El Estado debe garantizar la libertad política y las propiedades de cada uno. Este tipo de renuncia individual supone entregarse a la voluntad general, no a nadie más.

Para Kant una ética racional y universal no puede depender de la experiencia, debe ser a priori. No puede ser condicional o hipotética, sino incondicional o categórica. Tampoco heterónoma, sino autónoma, donde el individuo se determine a sí mismo por su voluntad. No debe ser una ética material, sino formal. Además, aunque no son cognoscibles desde la ciencia, la libertad e inmortalidad del alma y la existencia de Dios son postulados de la razón práctica, condiciones exigidas desde la moralidad. El proceso que lleva desde el siglo XIV hasta el XVIII desde el punto de vista ético-político es muy significativo en la historia de nuestra civilización, y lógicamente, está relacionado con cambios políticos y sociales concretos de cada época. Además, hay que verlo en el contexto de la evolución de otras ideas que hemos venido tratando a lo largo de este tema. Vamos a recordar algunos momentos, intentando observar el proceso de forma resumida. Muy resumidamente debes fijar tu atención en el nacimiento de las teorías del contrato social, en la separación de poderes y en el intento de Kant de fundamentar la ética.

Ockham defendió la independencia de los poderes terrenales respecto de la iglesia en relación con los asuntos temporales. Las esferas de lo espiritual y de lo temporal deben estar separadas. Además, defendió que la norma moral es la voluntad divina, sin estar Dios sujeto a obligación alguna.

En el Renacimiento, como vimos y recordarás, se produjeron dos líneas de pensamiento sobre este asunto: realista y utópica. El realismo político defendió la necesidad de experiencia práctica y de política concreta. En esta línea era un destacado representante Maquiavelo, que llegó a defender una política según la que el fin justificaba los medios. La otra línea era la llamada pensamiento utópico. Esta se centró en el pensamiento de sociedades ideales. Tomás Moro y Campanella fueron destacados representantes de esta línea.

Por su parte, en el empirismo, Locke desarrolló en su teoría política las bases del liberalismo, mostrando la necesidad de la división de poderes: legislativo, ejecutivo y federativo.

En la Ilustración se defendió la separación de poderes y se inauguró la teoría del Contrato social, un pacto por el que los individuos ceden una serie de libertades con el objetivo del bien común. Montesquieu defendió que la sociedad y el Derecho no tienen su origen en el contrato social (como sugieren Hobbes, Locke y Rousseau) sino en la naturaleza propia del hombre y las circunstancias que lo rodean (climáticas y geográficas). Además, según él, cualquier forma de gobierno debe ser moderada por diferentes contrapesos, siendo fundamental la separación de poderes (ejecutivo, legislativo y judicial). Esta separación según Montesquieu debe corresponderse con el equilibrio entre tres fuerzas sociales y políticas: rey, pueblo y aristocracia.

Voltaire se caracterizó por sus ataques a todo tipo de dogmatismo, religioso y político. Defendió que para vivir en común es necesario un «pacto social». El individuo respetará el pacto por su interés. La moral debe enseñarnos los principios de esta convivencia y el hombre, dueño de su destino, debe mejorarlo gracias a la ciencia y la técnica.

Por su parte, Rousseau defendió que el hombre es bueno por naturaleza y que es la sociedad la que lo corrompe, y propone cómo debe ser educado para conservar esa bondad natural. Por ello, su posición es contraria a algunas de las ideas fundamentales de la Ilustración, ya que Rousseau dudaba de que las ciencias y técnicas fueran a liberar al ser humano. Para garantizar la libertad natural que tiene el hombre, según Rousseau, hemos de realizar un contrato social que establece el poder del Estado. Con este contrato, los individuos se entregan a una voluntad general que no puede ser despótica. El Estado debe garantizar la libertad política y las propiedades de cada uno. Este tipo de renuncia individual supone entregarse a la voluntad general, no a nadie más.
Para Kant una ética racional y universal no puede depender de la experiencia, debe ser a priori. No puede ser condicional o hipotética, sino incondicional o categórica. Tampoco heterónoma, sino autónoma, donde el individuo se determine a sí mismo por su voluntad. No debe ser una ética material, sino formal. Además, aunque no son cognoscibles desde la ciencia, la libertad e inmortalidad del alma y la existencia de Dios son postulados de la razón práctica, condiciones exigidas desde la moralidad

1 comentario:

carlos arango dijo...

PROFE CUANTAS PARTES TIENE EL LIBRO ¨MEDITACIONES METAFÍSICAS¨.

att: Carlos Arango
curso: 1101 jt